Un sofá solo es un mueble. Un sofá con una manta tirada y dos almohadones de lino es un lugar donde uno quiere sentarse. El textil es la capa más fácil de cambiar y la que más transforma, por eso conviene elegirlo con un poco de criterio.
Empezá por una paleta de tres
Elegí un color base (el del sofá, casi siempre neutro), un color que lo acompañe y un tercero que lo despierte. Por ejemplo: sofá gris, almohadones en crudo y uno en terracota. Si mezclás más de tres tonos, el living empieza a verse ruidoso.
Mezclá texturas, no solo colores
Dos almohadones del mismo color pero en distinto material (uno de lino lavado, otro tejido) se ven mucho más ricos que dos iguales. Lo mismo con la manta: si los almohadones son lisos, que la manta tenga trama o flecos.
Medidas que funcionan
- Almohadones de 45 x 45 cm para un sofá de dos o tres cuerpos; de 50 x 50 cm si el sofá es grande y profundo.
- Manta de 130 x 170 cm: la medida justa para taparse y para dejarla plegada sin que tape el sofá.
- Alfombra: tiene que entrar al menos bajo las patas delanteras del sofá. Si queda flotando en el medio, achica el ambiente.
El número impar ayuda
Tres almohadones se ven mejor que dos, y cinco mejor que cuatro. No sabemos bien por qué, pero funciona. Si el sofá es chico, dos alcanzan y la manta hace de tercer elemento.
Cambiá con la estación
No hace falta renovar todo: con cambiar las fundas y la manta dos veces al año (lino claro en verano, tejido de algodón grueso en invierno) el living acompaña el clima. Y las fundas ocupan nada en el placard.
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